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, y

tribuyendo con su talento y sabiduria á la defensa
de la fe Católica, y al lustre inmortal de la na-
cion Española, correspondieron ampliamente al ho-
nor con que les distinguió el santo Concilio
á la espectacion de la Iglesia universal. ¿Qué di-
ficultades no vencieron tambien los Reyes de Es-
paña para lograr la convocacion del santo Conci-
lio, para principiarlo, proseguirlo, y restablecerlo
despues de haberse interrumpido en dos ocasiones?
Al Emperador Carlos V., á su hermano Ferdinan-
do á Felipe II. se debe la victoria de tantos
9 y
obstáculos como fue necesario superar para llevar
al cabo tan santa y necesaria obra. Los Españo-
les pues, tienen justisimo derecho de disfrutar en
su idioma la misma doctrina que promovieron sus
Reyes, ventilaron sus Teologos, y decidieron sus
Obispos.

C

La traduccion, que se presenta, es literal; aunque la diferencia de los dos idiomas, y del estilo propio del Concilio haya obligado á seguir muy diferente rumbo en la colocacion de las palabras. No obstante el original es la norma de nuestra fe y costumbres, y la única fuente á donde se debe recurrir quando se trate de averiguar profundamente las verdades dogmáticas, y de disciplina, sobre cuya inteligencia se pueda suscitar alguna duda. Con este objeto, y por dar una edicion bien corregida se há impreso en el mismo tomo el texto latino, revisto con suma diligencia, y confrontado con la edicion que pasa por original; es á saber, la de Roma hecha por Paulo Manucio en 1564. con la de Alcalá por Andres de Angulo en

,

el

el mismo año, con la de Phelipe Labé en 1667. y con la que publicó ultimamente en Amberes en 1779, Judoco Le Plat, Doctor de Lobayna. Tambien se han tenido presentes las Sesiones que se estamparon en Medina del Campo en 1554. y en fin la edicion. de Madrid de 1775, que no corresponde por cierto al buen deseo de los que la publicaron; porque habiendo copiado á la de Roma de 1732, sacó los mismos yerros que esta, y en una, y otra faltan palabras, y á veces lineas. Este esmero, siempre necesario para dar á luz una obra de tanta conseqüencia, ha sido mayor despues que el supremo Consejo de Castilla se sirvió ordenar que ademas del sabio teologo que aprobó esta traduccion, nombrase otro el M. R. Arzobispo de Toledo, con cuyo auxilio cotejase el traductor cuidadosamente esta obra con dicho original, para que no solo en lo sustancial, sino aun en la mas minima expresion vayan en todo conformes, y se logre que salga esta obra al público perfecta en todas sus partes. Ojalá! que el cuidado puesto en la edicion corresponda á las intenciones del supremo Consejo, y al zelo con que el Excelentisimo señor Arzobispo de Toledo ha encomendado la exâctitud en la correccion. Consta á lo menos, que el texto Latino, que publicamos, tiene menos defectos que el de la edicion de Roma estimada por original, y certificada como tal por el secretario, y notarios del mismo santo Concilio.

Por lo demas no parece se debe advertir á los lectores legos, sino que los decretos pertenecientes á la fe son siempre certisimos, siempre inaltera

bles,

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bles, siempre verdaderos, é incapaces de mudanza, ó variación alguna. Pero los decretos de disciplina, ó gobierno exterior, en especial los reglamentos, que miran á tribunales, procesos, apelaciones , y otras circunstancias de esta naturaleza, admiten variacion, como el mismo santo Concilio da á entender. En conseqüencia, no hay que estrañar que no se conforme la práctica en algunos puntos con las disposiciones del Concilio; porque además de intervenir autoridad legítima para hacer estas excepciones, la historia eclesiástica comprueba en todos los siglos que los usos loables, y admitidos en unos tiempos, se reprobaron, y prohibieron en otros, y los que adoptaron unas provincias, no los recibieron otras.

Para que los lectores tengan presentes los puntos históricos principales, y los motivos que hubo para congregar el Concilio, para disolverlo en dos ocasiones, y para volverlo á continuar hasta finalizarlo; basta por ahora la lectura de las bulas de convocacion de Paulo III. Julio III. y Pio IV. pues consta en ellas asi la urgente necesidad de convocarlo, como los obstáculos humanamente insuperables que fue necesario vencer para continuarlo, y conducirlo hasta su fin. Solo me ha parccido conveniente insertar la acta de la abertura: necesaria sin duda para conocer los Legados que presidian, proponian, y preguntaban, y el metodo, y solemnidad con que se celebraban las Sesioncs. El numero, y nombres de los Prelados, Embaxadores, y otros concurrentes, consta de los Apendices; que se han descargado de muchas no

ticias pertenecientes á los Padres, y Doctores Españoles, por no permitirlas la magnitud del volumen. Espero no obstante dar las noticias mas individuales é importantes de estos sabios y virtuosos heroes, en la Historia del Concilio de Trento, de que tengo trabajada mucha parte; intimamente persuadido á que ningunos sucesos del siglo decimo sexto pueden dar mas alta y noble idea del zelo, entereza, y sabiduria de los Españoles.

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ABERTURA

DEL SACROSANTO, ECUMENICO,

Y GENERAL CONCILIO

DE TRENTO.

„En el nombre de la santísima Trinidad. Siguen

»las ordenanzas constituciones, actas, y decretos "hechos en el sacrosanto, ecumenico, y general Con"cilio de Trento, presidido á nombre de nuestro san"tísimo en Cristo Padre y señor Paulo por la divina "providencia Papa III. de este nombre, por los Re"verendísimos é Ilustrísimos señores, los Cardenales "de la santa Romana Iglesia, Legados á latere de "la sede Apostólica, Juan Maria de Monte, Obispo

de

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TRIDENTINI.

In nomine Sanctissimæ Trinitatis. Sequuntur ordinationes,

,,constitutiones, acta, et decreta facta in sacrosancta, œcumeni,,ca, et generali Tridentina Synodo, præsidentibus in ca, nomi,,ne sanctissimi in Christo Patris, et D. N. D. Pauli, divina ,,providentia Papæ III. Reverendissimis, et Illustriss. D. D. Joan,,ne Maria de Monte, Episcopo Prænestino, et Marcello Cer

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